Columna 
(sin espacio)



Como es arriba, es abajo
Arriba, la imagen de una nebulosa de la galaxia del Sombrero. Abajo, un primer plano de una vía de asfalto sobre la que derramaron gasolina.

Arriba, una pieza de cerámica. Abajo, otra pieza de cerámica.

Arriba, un detalle de la pintura Perro semihundido, de Goya. Abajo, un recorte fotográfico de la piel de una papa sabanera.

Arriba, una obra de arte conceptual. Abajo, otra obra de arte conceptual.

Arriba, una luz que emerge de una caverna. Abajo, visos de aerosol esmaltado sobre tierra seca.

Arriba, una superficie brillante. Abajo, una superficie opaca.

Arriba, el proceso de quema de varios materiales. Abajo, la cocción lenta de varios ingredientes.

Arriba, una pintura rectangular con puntas redondeadas. Abajo, una pintura cuadrada, también con puntas redondeadas.

Arriba, el monolito que usarán unos estudiantes de arte para hacer su propia versión de 2001: Odisea del espacio. Abajo, una imagen satelital de un exoplaneta llamado LHS 1140 b, ubicado a 40 años luz de la Tierra.

Arriba, una superficie que refleja distintos tonos de negro, gris y marrón, con una mancha de rojo carmín oscuro, casi imperceptible. Abajo, una superficie de color café terroso con azul ultramar oscuro, medio verdoso.

Arriba, la obra de arte que concibe un espectador cuando observa detenidamente la obra. Abajo, la obra de arte que concibe el artista junto a la arcilla, el fuego, el tiempo y sus antepasados.

Arriba y abajo, un díptico que puede ser imagen, materia o contenido de pensamiento.
septiembre, 2026
Texto para
la primera edición de la revista Solsticio, un proyecto editorial de la galería SGR junto a la revista Bulla!
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Artículo Formas del fuego sobre la obra Termocromías 4, del artista Nicolás Bonilla.



Luciérnagas
Cuando escribo los apellidos de Andrea, —Domínguez y Ramírez—, noto que comparten una pequeña línea vertical e inclinada, sobre la i, en su segunda sílaba. Un par de tildes que marcan un acento, como quien aprieta y pulsa un poco más firme un lápiz sobre un papel. Esa misma entonación, ese mismo trazo diminuto, lo tiene la palabra Luciérnagas, levitando sobre la letra e. 

Estas tildes, aunque hacen parte de nuestro lenguaje escrito, no son para mí una simple coincidencia. Son voces que nos hablan cuando aprendemos a oírlas, como le han murmurado a Andrea las sombras y las luces que se dibujan sobre las paredes de su apartamento. Proyecciones, tal vez portales, que ella contempla y luego registra con su celular, antes de salir y al volver a casa.

En nuestras conversaciones ella me cuenta sobre la unidad (el conjunto) en donde vive. Yo intento “levantar” el plano arquitectónico del lugar, ubicando los puntos cardinales en mi imaginación. Recién había leído el libro Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río de Adan Kovacsics. Lo sentí como una brújula.  

Luciérnagas
se fue develando por sí mismo y, cuando estuvo cerca de su forma final, Andrea me contó que llevaba un tiempo practicando Karate-do, conocido como el camino de la mano vacía y cuyos principios filosóficos yo tengo impresos y pegados sobre una pared de mi taller.  

Vuelvo a pensar en las tildes y me doy cuenta de que Darío, el nombre de su padre, también convive con una luciérnaga sobre la letra i. 
febrero, 2026
Epílogo del libro Luciérnagas, de la artista Andrea Domínguez Ramírez, diseñado por Latitud libros.



Sol rojo
Viajamos al futuro por 21 días. Allá, en ese otro espacio tiempo, dimos 392.000 pasos (según informa la aplicación del celular) acompañados por un único cuervo de plumas azuladas, siete tortugas y tres limoneros. Se trata de una isla en donde se puede distinguir inequívocamente el blanco del negro, la madera del cemento, el papel de la tela, la piedra del arbusto, el movimiento de la quietud, lo digital de lo análogo y la montaña del cielo. Sin embargo, cuando uno se acerca para poder detectar ese límite tan evidente a la distancia, éste, como por arte de magia, desaparece. Entonces comprendo que el futuro es un lugar de fronteras difusas, arquitecturas de múltiples dimensiones y misterios ocultos a los ojos. Vayamos todos hacia allá.
enero, 2026
Post instagram.




MUISCA: Música para la burocracia
La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia (DIAN) tiene un Modelo Único de Ingresos y Servicios de Control Automatizado (MUISCA), para que los ciudadanos (personas naturales), así como las empresas (personas jurídicas), hagan diversos trámites en relación con los impuestos nacionales. El MUISCA dice ser un sistema tecnológico, de modernización, fundamentado en tres principios estratégicos: integralidad, viabilidad y trascendencia. A su vez, promete ser fiel a 13 valores: consistencia corporativa, flexibilidad, modularidad, sencillez, parametrizaciones, sostenibilidad, interconexión, recuperabilidad, escalabilidad, soportabilidad, seguridad, disponibilidad y centralización. La realidad: actualizar el Registro Único Tributario (RUT), una de las tareas más elementales del sistema, resulta ser una pesadilla. 

En parte de esto se trata este libro-proceso-obra de Pamela Loaiza. De lo absurdo y frustrante que se torna la vida cuando está regida por instituciones y trámites que van en contravía de nuestra esencia como seres humanos. Digo "en parte" porque, si bien tiene una serie de Consideraciones accidentales sobre la burocracia, también las tiene sobre el tiempo y todo lo demás, que podría referirse a todo lo maravilloso, metafísico e inexplicable del universo. En estas páginas se entremezclan hallazgos de Carl Sagan con referencias a películas independientes, de culto y de Hollywood. A su vez se contraponen guiños a la cultura popular, o memes, con dilemas científicos complejos. Conviven reflexiones filosóficas trascendentales con agobiantes cadenas de mensajes en WhatsApp entre Pamela y un bot corporativo sin alma. En paralelo, la autora va conectando y desconectando circuitos de su quehacer artístico. Experimentos u obras, a veces procesuales o inconclusas, que muestran una genuina curiosidad por entender cómo funciona el mundo, qué hay más allá de la humanidad y qué misterio rige esta rotación incesante del planeta tierra. 

Como todos los artistas, que solemos ir transitando a ciegas, a veces perdidos, a veces emocionados, tratando de hallarle un orden y un sentido a aquello que tal vez no debería tenerlo, Pamela no es la excepción. Por eso este libro es de una relevancia y una honestidad brutal. Porque se hizo mientras se pensaba y se reconfigura mientras se lee. Nos lleva, a zancadas, de una escala minúscula a una enorme, viendo nuestro planeta como un diminuto punto azul, para luego viajar al primer plano de una rodaja de salchichón que confundimos con un cuerpo estelar.

Nos sentimos como aguardando en la inmensidad abrumadora de un Centro Administrativo Distrital Especializado (SuperCADE) y nos envuelve el adormecedor aburrimiento de la burocracia. Aparece la imagen poética de un haz de polvo y luego una luz de partículas que podrían ser pixeles de un video granuloso que muestra, y no muestra, un atardecer o un amanecer. En medio de esa ensoñación, imaginamos obras de arte que parecen también experimentos científicos, o bellos artefactos inútiles. Recuerdo Un verdor terrible, la novela de Benjamin Labatut, una ficción basada en las vidas y descubrimientos de científicos como Alexander Grothendieck, Erwin Schrödinger y Albert Einstein. Y siento que todo encaja. Son relatos que exploran los límites de la mecánica cuántica, la relatividad y el avance científico, al tiempo que nos enfrentan con el carácter profundamente bello y deslumbrante, pero también trágico y monstruoso, del conocimiento. Tal vez el arte comparte esa dualidad. 

¿Qué es el todo y qué es la nada? ¿Qué es pequeño, o grande, o mediano, y en relación con qué? ¿Cómo convivir con lo infinito, lo eterno o lo inabarcable y porqué comprenderlo todo, o comprender qué es el arte? ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de asombro? ¿Cuál es, como lo dice Pamela, LA pregunta, LAS preguntas? Aquellas que nos acompañarán una y otra vez, tanto en el insomnio como en el tránsito entre el sueño y la vigilia. Cuáles son, o no, fundamentales para nuestra existencia. 

Pienso que, junto a Pamela, aprendemos a confiar en la intuición que, como esta publicación, es un sofisticado y particular sistema de pensamiento que asocio justamente al acrónimo MUISCA, que lejos de ser sinónimo de eficiencia o confianza –como pretende la perorata de valores de la Dian–, o un mal chiste de la entidad pública, es en realidad un recordatorio cifrado de nuestra esencia híbrida, mestiza, recochera, audaz y llena de ímpetu. Somos un tejemaneje constante. Y este libro, de alguna manera, lo celebra. También hace evidente que, en lo pequeño, en lo invisible, en lo que no notamos, se esconden –y a la vez se explican–, el mundo, el universo, la vía láctea, los protones, las células, las ondas y el arte, que es también este libro y estas tintas y esta conversación con el absurdo.       

noviembre, 2025
Pr
ólogo del libro Consideraciones accidentales sobre la burocracia, el tiempo y todo lo demás, de la artista Pamela Loaiza, publicado por La Jaula publicaciones.



The zig zag of a bug
I’ve been thinking, constantly, in the French expression Savoir Faire. 

It strikes me, suddenly, like a bug in my head. I try to avoid it but it always comes back. 

Sometimes it happens while I wander around in my studio but, also, in the middle of a conversation. 

Like a two-headed, miniature flying ghost.  

I repeat to myself: to know, to make. Knowledge, making.

This expression has different meanings. It can mean a proper behavior. It can mean a mayor experience in any discipline, craft or endeavor. Or it can simply mean the capacity to do something and to do it well. Usually, it involves time, commitment and expertise. For example, France is broadly known because of their great wines, breads and cheeses. They have a great Savoir Faire in this field. I am talking about centuries and centuries mastering how to cultivate, maturate, store, squeeze, transport, blend, distill, dry, liquefy and strain the liquid out of a thousand grapes. And the same applies to sourdough and smelly milk. 

Savoir, faire. 

In English, Savoir Faire is translated to the catchy term Know how, that seems to mean the same although it is very different. In the United States this expression can describe a practical skill or it can be used alongside with entrepreneur ideas, branding and start-ups endeavors. The Know how is like the trick or the secret behind a company or a person success. It doesn’t involve the hands, the smell or any mystical sense. It doesn’t travel in time, from generation to generation, through oral tales. It’s more like a good slogan or a clear signature. 

And in Colombia, in Spanish, do we have a similar expression?  

El que sabe, sabe

El teje maneje

Saber cómo es el maní

The one who knows, knows

The knitting and the handling

To know how a peanut is.

Am I a son of this cultural puzzles? 

Then I come back. Sometimes to a painting. Sometimes to a conversation. Espanto el zancudo. But I know it will come back. 

febrero, 2019
Text
for X International, a blog by Barbarita Polster.



Cross Roads and Crosses  
An architect explained something to me: the history of cities begins at the perpendicular intersection of two roads. The image that comes to my mind is that of a desert with a grocery store, a gas station, a telephone booth, and a bathroom cabin.

1. Eduardo Souto de Moura / Marble weight 

2. Carla Juaçaba / Mirror bench

3. Smiljan Radic / The pole and the bees

4. Eva Prats & Ricardo Flores / The red Mexican curves

5. Javier Corvalán / Sound ellipse

6. Francesco Cellini / The black and white kitchen 

7. Sean Godsell / The kiosk tower

8. Norman Foster / The wood triangle bridges

9. Andrew Berman / The triangle and the light

10. Teronobu Fujimori / The house in the forrest/wood 

Ñapa: drawings and designs by Gunnan Asplund
september, 2018
A text about Vatican Chapels (16th Venice Architecture Biennale).




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